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pátina de organización, tratando de ocultar su carencia de comprensión ante el
fenómeno de la contemporaneidad y de la búsqueda de los bordes en la creación de
arquitectura que cuestiona las permanencias. Las escuelas de arquitectura se
convierten cada vez más en conventos de castrados donde se pretende cuestionar
la creatividad con la tecnocracia que trata situar, centrándola, a la
arquitectura entre las técnicas de fin de siglo y la eficiente mediocridad
burocratizada; donde se pretende rescatar la imagen- de seriedad, de
tropicalidad y de vernaculismo- con el temor en la mente y el desprecio por las
experimentaciones, trayendo a colación la pereza estudiantil y haciendo caso
omiso a la galopante incapacidad docente. Como ha dicho Colin Rowe sobre la
enseñanza de la arquitectura " la ineptitud guiando la inexperiencia".
Las oficinas profesionales, entre el cansancio y la inactividad, entre el
letargo y la quiebra, entre la cibernética y el leroy. apenas salen del limbo
intelectual para adentrarse en su apremiante necesidad de hacer dinero y no
arquitectura ( cuando hay trabajo). La repetición vacía, la formula probada,
desactiva la búsqueda intelectual, considerada "Utópica", peyorativamente, por
muchos que no entienden la utopía como lo futuro realizable. La ciudad, la
perdemos en texto y contexto, entreparentisando los locus urbanos interesantes y
practicando una mala cirugía de factura estatal en el maltrecho tejido urbano
-contexto sangrante de tanto textos banales. Proceso entrópico por demás, la
arquitectura en el espacio de fases se enmascara como Batman, para descubrir el
atractor extraño en lo clásico transitando entre la contemporaneidad mas
desenfadada. Poesis que ha muerto en la manos del incesto. El pensamiento
molesta en la búsqueda del insípido paradigma de la identidad que se pretende, a
su vez, identificar con lo vernacular; el neoindio puede ser considerado
objetivo, el dibujo de los planos un logro y el pensamiento una vaina que no se
deja manejar, como caballo brioso, por el inepto ordenado. Soy de los que creo
en la teoría y en el pensamiento, no sólo en la arquitectura sino en todas las
manifestaciones vitales y soy de los que creo que aqui, en este espacio y en
este momento histórico, falta cantidad de pensamiento y que la teoria hay que
producirla y reproducirla, desde la conciencia hasta el hecho; sin embargo, lo
que pensamos asi sentimos que aramos en el mar la mayor parte del tiempo y que
cuando arrastramos el terreno lo hacemos para que se nos siga suicidando en el
Internet. Por eso hoy, aquí, pretendemos rendirle homenaje a la juventud que se
ha atrevido- esa juventud para la cual Philip Jonsohn siempre ha pedido una
oportunidad.
Esa juventud que es capaz de desenvolverse entre una sonrisa de monalisa y la inmensa capacidad de hacer amar la arquitectura. Batman ha sido el
pretexto y Melnikov el texto en este contexto de faros a los grandes almirantes,
y a los Itlodeos y ciegos ilustres que desde 500 años nos hacen la vida
imposible. Fritz Lang, bueno ha sido el pretexto... La muerte revolotea alocada
entre todos nosotros, la juventud, como la arquitectura, es capaz de desafiarla
por un tiempo, para luego, no morir simplemente sino transformarse. La juventud
, lo se por experiencia, es una época de grandes indecisiones, pero las
indecisiones conducen a las experimentaciones y estas a la conciencia de que
nunca debemos dejar de hacerlo. (Conferencia presentada el 14 de noviembre de
1995 en la sede del Grupo Nuevarquitectura.) (Enviado por:
Zenia Flores Lovo) |