|
Lecciones de arquitectura.Por: Elena FERNÁNDEZ-PELLO.
No hay más que pasearse, con los ojos bien abiertos, por el centro de Oviedo
para recibir una completa lección de arquitectura. Sus calles son un catálogo de
escuelas y estilos, del Prerrománico a la actualidad, y un muestrario de la obra
de las mejores firmas de la historia de la arquitectura. El tesoro
arquitectónico más antiguo y singular que se esconde entre las calles del centro
de Oviedo es la fuente de Foncalada, construida en el siglo IX por orden de
Alfonso III. El desarrollo urbanístico de esa zona, primero en Gascona y la
calle Foncalada y ahora con las edificaciones y viales abiertos hacia General
Elorza, no han contribuido al lucimiento de una pieza excepcional. Se desconocía
la existencia de otra pieza similar hasta que, hace unas semanas, las
excavaciones en el solar del Museo de Bellas Artes sacaron a la luz el vaso de
una fuente idéntica a la Foncalada.

La arquitectura medieval y del Renacimiento se concentra en el casco antiguo,
pero en el centro es posible hallar alguna pieza, excepcional, del siglo XVIII.
En la calle Gil de Jaz se levanta el antiguo hospicio provincial, hoy convertido
en hotel, obra de Menéndez, Ventura Rodríguez y Manuel de la Reguera. El
conjunto arquitectónico, acabado en 1770, está considerado como una de las obras
más logradas del Barroco regional. En las calles Campomanes y Santa Susana,
abiertas a mediados del siglo XIX, aún se conservan las
fachadas de algunas casas burguesas, diseñadas
bajo la influencia del neoclasicismo y la tradición italiana. En 1887, De la
Guardia trazó la plaza de San Miguel en cuyas proximidades, oculto tras las
fachadas de Campomanes, está el parque de La Rodriga. Algo posterior es el
teatro Campoamor, consagrado como uno de los referentes arquitectónicos de
Oviedo tras veinticinco años sirviendo de escenario de la ceremonia anual de
entrega de los premios «Príncipe de Asturias». López Salaberry y Siro Borrajo
diseñaron este teatro, de estilo neoclásico, que promovió una comisión ciudadana
de la que formaba parte, entre otros, el escritor Leopoldo Alas «Clarín» y que
se acabó de construir en 1892, bajo la dirección del arquitecto municipal Juan
Miguel de la Guardia. De esa misma época es la casa del marqués de Tremañes, en
la esquina de Uría y Melquíades Álvarez, con una de las cúpulas más vistosas que
sobresalen entre los tejados de la ciudad.
El siglo XX, con toda su variedad, dejó en la ciudad arquitecturas de corte
clásico, como el edificio de «Villa Magdalena», en la calle División Azul, uno
de los palacetes u hoteles que la prosperidad burguesa hizo proliferar en la
ciudad, junto a construcciones de estilo racionalista, como el Instituto Alfonso
II, en la calle Santa Susana, y otras piezas aún más impactantes visualmente,
como el conocido popularmente como edificio del «Termómetro», que data de 1940 y
fue diseñado por Saiz Heres. El contraste entre este edificio de corte
racionalista, con una altura inaudita para la época, con el de la Junta General
del Principado, levantado en 1904 bajo los principios del eclecticismo
clasicista, hacen más evidentes las singularidades de ambas escuelas
arquitectónicas. Sin alejarse del centro es posible seguir la estela del
modernismo en la iglesia de San Juan El Real, la Casa García Conde, en la plaza
de la Escandalera, el antiguo Sanatorio Miñor -hoy sede de la Fundación Gustavo
Bueno- o las viviendas decoradas con coloridas guirnaldas vegetales de la calle
Marqués de Santa Cruz. A medida que avanzaba el siglo XX se extendía la
construcción en altura por las calles más céntricas, incluida Uría, donde las
casas del Cuitu, pendientes de una cada vez más necesaria rehabilitación,
destacan por su originalidad, por la sinuosidad de sus líneas y lo recargado de
su decoración.
La lista de edificaciones con interés arquitectónico es larga. En el primer
inventario de arquitectura del siglo XX del Sudoe, Oviedo está representada por
89 edificios, entre los que figuran desde varios inmuebles modernistas hasta
piezas creadas bajo el influjo del racionalismo y el gusto por las líneas
depuradas, como el que se observa en edificios como el del Instituto Nacional de
Previsión y la Casa Sindical, actual sede de UGT y también en pleno centro
urbano. El edificio de la Jirafa, la popular Casa del Coño, la sede del Banco de
España... son sólo algunas de las interesantes lecciones de arquitectura que
ofrece la ciudad. La más reciente, sin necesidad de alejarse del centro y sólo
con pasearse por la losa de Renfe, puede recibirse contemplando los bloques de
viviendas diseñados por el arquitecto madrileño Salvador Pérez Arroyo. «Oviedo
Siglo XXI» continuará dedicada a las calles del centro, analizando diversos
aspectos de su población, tanto su evolución como las características que la
distinguen de la de otros barrios de la ciudad. Fue mandada construir por
el rey Alfonso III y hasta la aparición hace unas semanas de un fuente similar,
aunque peor conservada, en las excavaciones de las obras de ampliación del Museo
de Bellas Artes, constituía el único ejemplo de obra pública del Prerrománico.
Es patrimonio de la Humanidad junto al resto de los monumentos de esa época.
El Ayuntamiento acordó construir este edificio para sustituir la antigua Casa de
Comedias del Fontán. López Salaberry y Borrajo se encargaron de la obra, bajo la
dirección del arquitecto municipal De la Guardia. Fue sometido a varias reformas
y desde hace 25 años es el escenario de la ceremonia de entrega de los premios
«Príncipe de Asturias». Su construcción fue una de las operaciones
inmobiliarias más importantes de la calle Uría en el primer tercio del siglo
pasado. Su autor es el arquitecto Muñoz Zapata, que creo un edificio singular de
líneas sinuosas que contrastan con estructuras más clásicas y todo ello envuelto
en una recargada decoración.
El «Termómetro»
1940. Racionalismo. Vidal Saiz Heres es el autor de este edificio, que debe su
nombre popular a la cristalera que recorre su frontal. El proyecto quedó en
suspenso al estallar la Guerra Civil y fue retomado al acabar. Consta de nueve
plantas y una torre y en la época en que se construyó tenía casi la
consideración de rascacielos por parte de los ciudadanos. El cubrimiento de las
vías de ferrocarril a su paso por el centro de la ciudad con una losa fue un
éxito y se completó con la construcción de varios bloques de viviendas,
diseñadas por el arquitecto madrileño Salvador Pérez Arroyo. De aspecto macizo y
con una superficie metalizada, están agrupadas por colores que les dan un
aspecto desenfadado. Equipo
arquitectura y construcción de
ARQHYS.com.
|