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Pirámides de barro.
Como consecuencia del avance de la urbanización, innumerables restos
arqueológicos del centro del estado de Veracruz han desaparecido y otros están a
punto de desaparecer, como la pirámide de barro de La Joya de San Martín
Garabato, sitio ubicado a unos 15 kilómetros del puerto de Veracruz. Por
ello, un equipo de investigación, encabezado por la doctora Annick Daneels, del
Instituto de Investigaciones
Antropológicas, se propuso rescatarla (no
restaurarla), con la autorización del Instituto Nacional de Antropología e
Historia (INAH) y el apoyo de DGAPA-PAPIIT, FAMSI Inc. y Dumbarton Oaks.
“Seleccionamos este sitio (perteneciente a la cultura temprana del centro-sur de
Veracruz), en la confluencia de los ríos Jamapa y Cotaxtla, porque allí se han
encontrado rastros de una ocupación continua a lo largo del periodo Clásico (año
200 al mil después de Cristo) y porque 95 por ciento de él está destruido debido
a la extracción de barro para hacer ladrillos, lo cual justifica la realización
de excavaciones extensivas en los vestigios restantes”, explica Daneels.

Uno de los objetivos del proyecto es averiguar la cronología de La Joya y la
función de sus edificios de tierra apisonada, así como de su pirámide. A pesar
de que algunos sondeos y rescates habían indicado la existencia de una
arquitectura de tierra en el centro de Veracruz, seguía vigente el prejuicio de
que en el trópico húmedo la construcción con tierra cruda no permitía una
arquitectura muy elaborada, pero esto resultó completamente erróneo a la luz de
los resultados obtenidos. “Cierto –dice Daneels–: desde hace muchos años sabemos
de la existencia de miles de sitios de tierra apisonada distribuidos en la
planicie costera del centro-sur de Veracruz, desde el río La Antigua hasta la
cuenca de los ríos Coatzacoalcos y Grijalva, e incluso hasta el río Candelaria,
en Campeche; con todo, esta pirámide forma parte de una tradición muy poco
conocida.”
Dos plataformas. En el sitio de La Joya hay dos plataformas monumentales de
tierra que se elevan entre 10 y 15 metros sobre el nivel de la plaza principal,
donde también se ubican la pirámide y el juego de pelota. Los resultados de
excavaciones estratigráficas y extensivas indican que, si bien la plataforma
norte existe desde el Preclásico Superior, en el Clásico Temprano ya se había
conformado la plaza principal, delimitada por la pirámide y las plataformas
monumentales norte y este, en las cuales hubo palacios con funciones
administrativas, residenciales y rituales. “La ubicación de estas plataformas a
los lados de la plaza principal de La Joya nos obligó a reflexionar sobre la
razón de construir dos palacios en una misma capital y a sugerir como hipótesis
la posibilidad de un caso de gobierno dual para el periodo Clásico en el centro
de Veracruz, con dirigentes con atribuciones distintas, políticas y religiosas,
similar a los casos observados en el Postclásico, tanto en el altiplano como en
la zona maya”, señala Daneels. En la plataforma norte se logró excavar cinco
edificios de la segunda época de construcción (unos por completo y otros
parcialmente); integraban uno de los palacios y funcionaban como áreas de uso
administrativo público, de audiencia restringida, residenciales para la clase
gobernante, ceremoniales y habitacionales para la servidumbre. En la plataforma
este, donde habría estado el otro palacio construido más o menos al mismo tiempo
que el primero, los investigadores han encontrado recurrentemente figurillas de
dioses narigudos, ausentes en la plataforma norte.
Montículos. Antes del descubrimiento de las dos plataformas monumentales en
La Joya, se creía que los montículos de tierra eran solamente basamentos amorfos
encima de los cuales había habido edificios de bajareque (varas entretejidas
cubiertas de barro y caña) con techos de palma. “Lo poquito que se sabía, venía
de escasas excavaciones antiguas y de rescates realizados por el INAH. Se pensó
que era un arquitectura de segunda, por lo cual no se hicieron grandes esfuerzos
por protegerla”.
El juego de pelota. Durante el periodo Clásico, la elite del centro de
Veracruz se apropió del juego de pelota y lo insertó en un ritual de
decapitación que estaba asociado a un culto a la fertilidad y a un sistema de
resolución de crisis (es decir, el juego servía para resolver problemas internos
o externos). “En el momento en que esa elite se abrogó el derecho único de
organizar el juego de pelota y ejercer el ritual, se volvió la intermediaria
legítima entre la comunidad y los dioses, y, por lo tanto, obtuvo poder”. A
partir de entonces, el núcleo principal de las ciudades en el centro de Veracruz
no fue el palacio, como en la zona maya, sino la plaza, con su respectiva
pirámide y su respectivo juego de pelota. En 1989, durante el rescate de piezas
arqueológicas del cerro El Manatí, cerca del río Coatzacoalcos, al sur del
estado de Veracruz, se descubrieron, entre grandes ofrendas, 12 pelotas de hule
con diámetros de entre ocho y 25 centímetros; se fecharon entre 1600 y 1700
antes de Cristo. “Es decir, la gente ya jugaba pelota hace, al menos, 3 mil 700
años”, explica Daneels. Equipo
arquitectura y construcción de
ARQHYS.com.
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