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Los romanos conservaron los tradicionales
órdenes o cánones griegos (dórico, jónico y corintio), pero
inventaron otros dos: el toscano, una especie de orden
dórico sin estrías en el fuste y el compuesto, con un
capitel creado a partir de la mezcla de elementos jónicos y
corintios. La Maison Carrée de la ciudad francesa de Nimes
(c. 16 d.C.) es un ejemplo excelente de la tipología romana
templaria. Los templos romanos no se levantaron únicamente
en el foro, sino que aparecen también a lo largo de toda la
ciudad y en el campo. Uno de los ejemplos posteriores más
influyentes fue el Panteón (118-128 d.C.) de Roma, que
consistió en el habitual vestíbulo o pórtico columnado
cubierto a dos aguas, seguido por un espacio cilíndrico
cubierto por una cúpula, sustituyendo la tradicional cella o
habitación principal rectangular. Los templos rotondos, más
simples, como el construido hacia el 75 a.C. en Tívoli,
cerca de Roma, basados en prototipos
griegos de cellas
circulares perípteras, fueron también populares. En España
subsisten algunos restos arqueológicos de templos de época
romana en las ciudades de Barcelona, Mérida (dedicado a la
diosa Diana), Córdoba (columnas de la calle Claudio Marcelo)
y Sevilla.
Las tiendas y los mercados
Los edificios lúdicos y las tiendas estaban diseminados por
toda la ciudad de Roma. Generalmente las tiendas eran
unidades de una habitación (tabernae) abiertas a las aceras.
Muchas muestras, incluyendo las que asociaban el molino con
la panadería, se conservan aún en Pompeya y en otros lugares.
A veces, se construyó un complejo unificado de tiendas, como
los mercados de Trajano (98-117 a.C.) en la colina del
Quirinal en Roma, que incorporaron numerosos locales
comerciales (tabernae) en diferentes niveles y grandes
vestíbulos abovedados de dos pisos.
Los teatros y anfiteatros
Los teatros romanos aparecieron por primera vez al final del
periodo republicano. Constaban de un alto escenario junto a
un foso semicircular (orchestra) y un área circundante de
asientos dispuestos en gradas (cavea). A diferencia de los
teatros griegos, situados en pendientes naturales, los
teatros romanos se construyeron sobre una estructura de
pilares y bóvedas y de esta manera pudieron ubicarse en el
corazón de las ciudades. Los teatros fueron populares en
todos los lugares del Imperio. Podemos encontrar ejemplos
impresionantes en Orange (principios del siglo I d.C.,
Francia) y en Sabratha (finales del siglo II d.C., Libia).
Los teatros de Itálica y de Mérida fueron realizados en
tiempos de Augusto y de Agripa, respectivamente. El segundo
de ellos, aunque presenta diferentes fases constructivas,
destaca por su pórtico a modo de gran fachada trasera del
escenario (frons scaenae) del siglo I d.C. y por su
orchestra semicircular. Los anfiteatros (literalmente,
teatros dobles) tuvieron planta elíptica con una pista
(arena) central, donde se celebraban combates entre
gladiadores y animales, y un graderío alrededor similar al
de los teatros. El anfiteatro más antiguo conocido es el de
Pompeya (75 a.C.) y el más grande es el Coliseo de Roma
(70-80 d.C.), que podía albergar a unos 50.000 espectadores,
más o menos la capacidad actual de los estadios deportivos.
En la Hispania romana destacan los anfiteatros de Mérida,
Tarragona e Itálica. Los circos o hipódromos se construyeron
también en las ciudades más importantes; la plaza Navona de
Roma ocupa el lugar de un circo que fue construido durante
el reinado de Domiciano (81-96 d.C.). En las ciudades de
Tarragona, Sagunto y Toledo pueden hoy día contemplarse
algunos restos de antiguos circos romanos. |